CON MI PLUMA

17 Agosto 2009

La burra no era arisca

¿Pero en verdad qué es lo que ha ocurrido? En días pasados se reunieron en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, los tres jefes de estado de México (Felipe Calderón Hinojosa), Estados Unidos de Norteamérica (Barack Obama) y Canadá (Stephen Harper) para, de manera oficial, hablar sobre los asuntos pendientes entre los tres países: comercio, migración, economía y todo lo referente al desigual tratado de libre comercio firmado hace quince años (y en el que todas las ventajas y facilidades quedaron del lado norteamericano y, de refilón, canadiense, mientras que para el mexicano siguen siendo ambiguas sus ventajas). Esto fue lo que quedó manifiesto ante la opinión pública…, pero en realidad lo que se dijo en ese encuentro (las exigencias y disposiciones que vinieron a poner sobre la carpeta Estados Unidos y Canadá a México) sólo quedó en el habitual secreto de la élite gubernamental y empresarial de nuestro país.

Desde hace veinte años, ha ido incrementando la descarada falta de respeto norteamericana (y en lo que va del año, canadiense) hacia la Nación mexicana (es decir, a sus habitantes, a sus instituciones, a su soberanía), con razones espurias y tendenciosas (las cuales siempre velan por los intereses económico-financiero-políticos estadounidenses en contra de los mexicanos), ante el beneplácito y condescendencia servil de nuestros gobernantes (quienes han dado pruebas más que fehacientes de su falta de patriotismo y auténtico servicio al pueblo que los eligió).

¿Qué nuevas desventajas fueron pactadas para el pueblo de México? ¿Qué abusos hacia la Nación fueron aceptados a cambio de préstamos monetarios e intereses económicos sobre la explotación de nuestros recursos naturales (petróleo, uranio) y empresariales (hotelería y turismo, servicios públicos, servicios financieros, etc.)? ¿Qué nuevas restricciones fueron impuestas para el desarrollo científico y tecnológico mexicano a favor de un imperialismo paternalista y opresor por parte de los Estados Unidos y Canadá (como fue el caso en los infames Tratados de Bucareli*, firmados entre los presidentes Álvaro Obregón y Calvin Coolidge de México y Estados Unidos, respectivamente)?

¿Cómo es creíble que al momento en que se desarrollaba el encuentro trinacional en Guadalajara, se destapara la bomba mediática sobre el asesinato insoluto de indígenas en Acteal, Chiapas (1997), descubriendo la manipulación y corrupción gubernamentales tras la investigación del crimen? ¿Cómo es posible que el partido en el poder (Partido Acción Nacional) apoyara el ataque directo y sin concesiones al expresidente Ernesto Zedillo Ponce de León para descubrir de manera pública su participación en el sucio manejo del caso Acteal (durante su mandato), cuando fue que gracias a él (siguiendo acuerdos políticos nacionales e internacionales) es que el PAN pudo acceder al poder en este país? ¿Cómo es que se volvió su enemigo, cuando debería ser su héroe (mientras que para el Partido Revolucionario Institucional -PRI-, el partido de filiación de Zedillo, es el gran traidor)? ¿Fue casualidad que la reunión internacional entre los tres mandatarios fuese organizada días previos a un encuentro futbolero entre Estados Unidos y México, en suelo mexicano, y en el que de modo milagroso el equipo nacional (tras una larga actuación mediocre y desorganizada de varios años) se volvió un equipo cohesionado que venció al gran rival? Sólo afirmo al modo aristotélico “creo lo que veo”; pues los hechos de la realidad hablan por sí solos, si tiene uno la mínima capacidad de observar, analizar y concluir. La complicidad descarada de los medios masivos de comunicación con este gobierno calderonista contribuyó en ambos casos (el escándalo post-Acteal y el triunfo futbolero mexicano) a desviar la atención pública de un hecho vital para el presente y futuro (cada vez más incierto y desconcertante) de nuestro México.

La situación actual en este país es crítica en extremo: la militarización de gran parte de nuestro territorio (en pos de una dudosa lucha contra el narcotráfico) al ejercer el Ejército Mexicano labores de policía; la inseguridad e impunidad sufridas por todos los mexicanos ante una delicuencia (amafiada o solitaria) fuera de todo control gubernamental; un desempleo rampante y una inflación soterrada (con amenaza de aumento tributario para el próximo 2010, con alza silenciosa y paulatina de precios en bienes y servicios); la plena libertad para obrar con abusos de cualquiera índole en contra de sus clientes por una gran parte del empresariado nacional y extranjero (asentado en nuestro país); los ajustaciamientos mafiosos por todo el territorio; un gobierno débil, insensible y autoritario (tanto federal como local); y unos gigantescos hartazgo y desconfianza por parte de la mayoría de los mexicanos (de lo cual fue breve muestra la reacción ciudadana ante las urnas el pasado 5 de julio: abstencionismo de más del 50% y una alta anulación de votos- cuyo porcentaje real fue maquillado por la autoridades competentes).

El tomar decisiones que afectan a todo un pueblo; como decimos en México: “en lo oscurito”, “debajo del agua”; que antes que producirnos beneficios y respetar nuestra libertad nos pone en situación de servidumbre material y moral, no puede continuar por más tiempo. No es posible que “sigamos bailando con la más fea”, que nos siga “saliendo el tigre en la rifa” y lo que es más ofensivo: que se siga abusando de la paciencia, desinformación y angustia del mexicano, acordando en total desventaja para nosotros, endeudando más a las siguientes generaciones y encubriéndolo todo al mejor estilo del antiguo Imperio romano en decadencia: “Al pueblo, pan y circo”.

*Ante la promulgación de la Constitución mexicana de 1917 (la Carta Magna nacida de la lucha revolucionaria), los intereses económicos norteamericanos se vieron afectados con seriedad (petróleo, entre otros). Con tal motivo, los Estados Unidos (que habían financiado la contrarrevolución a manos del dictador Victoriano Huerta) decidieron no reconocer los gobiernos de la Revolución (presidentes Venustiano Carranza y Álvaro Obregón), amén de apretar el nudo de la soga al exigir el pago inmediato de la deuda externa mexicana contraída con el gobierno estadounidense. Ante lo apremiante de la situación, con el déficit económico que originó la lucha armada, los gobiernos mexicano y norteamericano entraron en negocionaciones secretas en mayo de 1923 (con Warren G. Harding, aún como presidente estadounidense) y que culminaron con la firma de los Tratados de Bucareli el 13 de agosto (a fin de que el gobierno obregonista fuera reconocido, la deuda externa fuera renegociada y pudiera accederse a un nuevo préstamo). [En la calle de Bucareli, de la Ciudad de México, se encuentra el edificio sede de la Secretaría de Gobernación, donde se formalizó el hecho.] El documento se consideró por muchos como un equivalente al Tratado de Versalles firmado tras la derrota alemana durante la Primera Guerra mundial, pues de modo similar a éste, dejó en plena desventaja a un país frente a otro. Contrario a las normas internacionales, con el pretexto de ser un “trato entre caballeros” (lo cual es inmoral cuando intervienen gobernantes que representan pueblos, mientras que es normal entre individuos), y en el que participaron varios miembros de ambos gabinetes para su preparación y redacción, se pasó por alto la revisión y aprobación de los congresos de ambos países. El documento, bajo cláusula de supuesta confidencialidad de cien años (2023, sería el año de su apertura pública, según esto), no está a disposición. Sin embargo, como todo en este país, a lo largo del tiempo, se ha podido obtener parte de la información que guarda, la cual es ofensiva para México y proporciona pingües ventajas a los Estados Unidos:

  1. Se permitió a Estados Unidos seguir manejando la explotación petrolera en México, sin que le afectaran las relevantes disposiciones constitucionales de 1917 (que retiraba terreno mexicano del usufructo por manos extranjeras).
  2. Se aceptó que durante 50 ó 75 años (hay diversas fuentes respecto de la cifra) México no realizara nigún tipo de investigación y desarrollo en las industrias petrolera, aeronáutica, marítima y bélica, a fin de consumir los productos norteamericanos manufacturados de eso rubros.

Sobra decir, que hay más aspectos oscuros convenidos en tan infame documento (vergüenza para ambos países) que deben afectarnos en las áreas económica-financiera y, con toda probabilidad, en la de la investigación y desarrollo científico general, ya que todos los gobiernos mexicanos desde esa época hasta fechas recientes han sido sordos y ciegos al reclamo de inversión estatal en dicha área científica, ignorándolo soberanamente. Subir.

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